sábado, 3 de agosto de 2013

Es tiempo de recuperar a nuestra familia

 
Las familias están atravesando en el mundo por una profunda crisis. Lo grave es que naciones históricamente identificadas como cristianas, y nos referimos a los Estados Unidos, están a la par de países como España, Francia, Alemania y Japón donde el cristianismo no constituye mayoría entre su población. Algo está pasando.
            Los cimientos han sido socavados y el desmoronamiento en la relación de pareja y en el esquema de comunicación padres-hijos, sigue enfrentando un peligroso distanciamiento. El panorama es aún mas preocupante en América Latina donde prevalece el machismo y el respeto a la mujer brilla—en la mayoría de los países—por su ausencia.

Enemigos de la familia
 
El deterioro en la relación familiar no es algo que se produce de la noche a la mañana. Obedece como tal, a un proceso, en el que generalmente no apreciamos grandes cambios hasta que llega el momento en el que la proximidad de una espiral sin fondo, un abismo muy profundo, nos envía señales inequívocas y en muchos casos, puede ser tarde. 
 
            ¿Cuáles son los principales enemigos de la relación familiar? Permítanme relacionarle algunos: el trabajo, el egoísmo, las muchas ocupaciones en la Iglesia, perseguir nuestras propias metas y no las que benefician a la familia, buscar sólo la satisfacción propia, el fútbol, la lectura del diario o de libros de manera compulsiva, chatear por teléfono, pasar demasiado tiempo ante el computador y, por supuesto, ver demasiada televisión.
 
            ¿Vive usted alguna de estas situaciones? Pues tome nota, porque afectan su relación en el hogar y minan la intimidad emocional que debe alimentarse diariamente con su cónyuge y sus hijos. 
 
            Los autores, reconocidos mundialmente por su dedicación a salvar a las familias americanas, escriben: “Para mantener algo fresco, vivo y en buen orden, hacen falta cuidado, mantenimiento y, algunas veces, restauración. El matrimonio no escapa a esta regla. A menos que se mantenga fresco y se nutra, se desvanecerá como una vieja fotografía. El matrimonio es una relación dinámica de amor entre un hombre y una mujer, y cada instante esa relación se hará una profunda y rica o se estanca y decae. Y todos los matrimonios deteriorados señalan al meno un camino oscuro y solitario que puede terminar en divorcio.”(Gary y Barbara Rosberg. “Matrimonio a prueba de divorcio”. Editorial Unilit. EE.UU. 2004. Pg. 17, 18)
 
            Si nos vamos desconectando de la familia, todos los componentes terminan por acostumbrarse a ese distanciamiento. La falta de alimentar la relación rendirá sus frutos, representados en la crisis en el hogar. De ahí que encontremos esposos y esposa resentidos, que no quieren seguir intentándolo, e hijos rebeldes, que quieren abrirse paso en la vida por sus propias fuerzas y métodos.
 
Señales que hay una “crisis” en marcha
 
La crisis en la familia se pone de manifiesto con continuas discusiones, indiferencia los unos por los otros, rabia recíproca, sentimientos de odio de padres a hijos y viceversa o entre los componentes de la pareja, respuestas groseras ante la más mínima provocación, entre otras.
 
            Estas señales deben prender nuestra alerta. Recuerde que la crisis se pone de manifiesto en la relación conyugal y con los hijos. ¿La razón? Quizá les hemos herido y sus reacciones hoy, son el fruto de lo que sembramos.
            Es cierto, hay una enorme distancia entre la familia soñada y la familia real. En una cultura como la nuestra, todos los hogares están expuestos a peligros, y más nuestros hijos. Poco a poco, si los problemas no se resuelven, lo más probable es que pensemos en el divorcio, palabra que dicho sea de paso, deberíamos borrar de nuestro vocabulario.
 
            Precisamente el autor y conferencista, Gary Rosberg, hizo un alto en el camino y reconoció que había dedicado su tiempo al estudio, descuidando a la familia: “Mi vida estuvo fuera de control, la gente de mi familia funcionaba  con un piloto automático y tenía delante de mí un largo camino si deseaba ganarla de nuevo. En aquel momento no sabía cómo Dios sanaría el dolor en nuestros corazones. Sólo sabía que había llegado al final de mí mismo, y que lo necesitaba como nunca antes.” (Gary y Barbara Rosberg. “Matrimonio a prueba de divorcio”. Editorial Unilit. EE.UU. 2004.  Pg. 19)
 
 
Esté atento a las señales de alerta en cuanto a eventuales crisis
en su familia
            Vendrán altibajos, pero se pueden superar. Basta que le demos a Dios el lugar que le corresponde, y dispongamos nuestro corazón para que haya arreglo. Haga un alto en el camino…
 
El amor, la tabla de salvación en la familia
 
Si Dios ocupa, como debe ser, el primer lugar en nuestra familia, aseguramos que esa relación no se desmoronará fácilmente. Pero a ese elemento esencial, debemos sumarle el amor, que hoy por hoy es la tabla de salvación para la familia. Recibir e interiorizar el amor de Dios en nuestras vidas y transferir ese amor a la familia. Esa es la clave.
 
            La mejor descripción del amor, la encontramos en la carta del apóstol Pablo a los Romanos, versículos del 8 al 14. Allí nos describe de qué manera el amor permea la forma de pensar y de actuar, en el cristiano y en quienes asumen el compromiso de traer transformación en su hogar.
 
a. Amar a nuestra familia, una obligación
 
Estamos obligados a amar a nuestra familia. No es sólo porque se trate de nuestro cónyuge y los hijos, sino porque son nuestro prójimo. Amarlos por encima de todas las cosas que puedan comprometer nuestros esfuerzos. Recordemos que el esquema es: amor a Dios, en primer lugar, y amor a nuestra familia, en segunda instancia.
            El apóstol Pablo dejó muy claro este principio cuando escribió: No deban nada a nadie, excepto el deber de amarse unos a otros. Si aman a su prójimo, cumplen con las exigencias de la ley de Dios. Pues los mandamientos dicen: «No cometas adulterio. No mates. No robes. No codicies». Estos y otros mandamientos semejantes se resumen en uno solo: «Ama a tu prójimo como a ti mismo»”(Romanos 12:8, 9. Nueva Traducción Viviente)
 
            El amor que le neguemos a la familia, pone de manifiesto que nuestro amor a Dios no es perfecto. Es necesario revisar este aspecto en nuestra vida.
 
b. El amor tiene unas características especiales
Amar a la familia está íntimamente ligado a dar lo mejor de nosotros, perdonarles, procurar lo mejor de lo mejor para nuestro cónyuge y los hijos, darles lo que esté a nuestro alcance sin ningún tipo de miramiento ni egoísmo, perseverar si hay crisis al interior del hogar y, ante todo, someter la familia a Dios.
 
            El apóstol Pablo escribió: “El amor no hace mal a otros, por eso el amor cumple con las exigencias de la ley de Dios. Esto es aún más urgente, porque ustedes saben que es muy tarde; el tiempo se acaba. Despierten, porque nuestra salvación ahora está más cerca que cuando recién creímos. ”(Romanos 12:10, 11. Nueva Traducción Viviente)
 
            El testimonio cristiano se ve engalanado con un buen trato a nuestra familia. Es en ese espacio, la familia, donde probamos si somos realmente hombres y mujeres que seguimos fielmente al Señor Jesús.
 
c. Cambiar, un distintivo del compromiso cristiano
 
Es posible que en nuestra vida hayamos cometido errores con la familia. Lo importante es que ahora, en nuestra condición de cristianos, sigamos en la misma actitud. Si hacemos un alto en el camino, identificamos errores y nos disponemos a recuperar nuestro hogar, contaremos con la ayuda de Dios.
 
            El apóstol Pablo escribió: La noche ya casi llega a su fin; el día de la salvación amanecerá pronto. Por eso, dejen de lado sus actos oscuros como si se quitaran ropa sucia, y pónganse la armadura resplandeciente de la vida recta.  Ya que nosotros pertenecemos al día, vivamos con decencia a la vista de todos. No participen en la oscuridad de las fiestas desenfrenadas y de las borracheras, ni vivan en promiscuidad sexual e inmoralidad, ni se metan en peleas, ni tengan envidia.  Más bien, vístanse con la presencia del Señor Jesucristo. Y no se permitan pensar en formas de complacer los malos deseos.”(Romanos 12:12-14. Nueva Traducción Viviente)
 
            En la familia debemos enfocar nuestros esfuerzos. Pedir a Dios la sabiduría y fortaleza para cambiar, darles un trato adecuado y encontrar realización en el espacio del hogar, constituyen pasos sólidos hacia nuestro verdadero crecimiento cristiano.
 
            Tenga siempre presente que su familia vale la pena. Jamás será muy grande el esfuerzo que haga por su cónyuge y por sus hijos. Si depende de Dios, Él le concederá la sabiduría y la capacidad de edificar familias sólidas, en los que primen fundamentos cristianos y en donde el Señor Jesús reine verdaderamente.


Por  Fernando Alexis Jiménez ; Estudios Bíblicos

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