miércoles, 11 de enero de 2012

VENCIENDO LOS DESEOS DE LA CARNE



Los creyentes tienen vida nueva en Cristo y no tienen por qué estar atados a los deseos de la carne.

Romanos 7:

4 Así también vosotros mis hermanos, habéis muerto a la ley por el cuerpo de Cristo; para que seáis de otro, de Aquél que resucitó de entre los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
5 Porque cuando estábamos en la carne, la influencia del pecado, que era por la ley, obraba en nuestros miembros llevando fruto para muerte;
6 pero ahora somos libres de la ley, habiendo muerto a lo que nos tenía sujetos, para que sirvamos en novedad de espíritu, y no en lo antiguo de la letra.
 Gálatas 5:

16 Digo, pues: Andad en el Espíritu; y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
17 Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no podáis hacer lo que quisiereis.
18 Mas si sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley.
19 Y manifiestas son las obras de la carne, que son: Adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia,
20 idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías,
21 envidias, homicidios, borracheras, desenfrenos, y cosas semejantes a estas; de las cuales os denuncio, como también ya os denuncié, que los que hacen tales cosas, no heredarán el reino de Dios.
22 Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,
23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley.
24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y concupiscencias.
25 Si vivimos en el Espíritu, andemos también en el Espíritu.


Colosences 3:

1 Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios.
2 Poned vuestra mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra.
3 Porque muertos sois, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.
4 Cuando Cristo, nuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria.
5 Haced morir, pues, vuestros miembros que están en la tierra; fornicación, impureza, pasiones desordenadas, mala concupiscencia y avaricia, que es idolatría;

I Pedro 2:

11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las concupiscencias carnales que batallan contra el alma;
12 manteniendo vuestra honesta manera de vivir entre los gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios en el día de la visitación.

Debemos reconocer la necesidad de vencer los deseos de la carne y dedicirnos a imitar la vida de Cristo.



¿Cómo es un guerrero espiritual?

Desde luego, no es una persona perfecta, ya que sólo Jesús fue sin pecado.

Por otra parte, la vida del guerrero de Dios debe distinguirse de la vida de un incrédulo.

Como creyentes, Dios espera que nos preparemos para la guerra espiritual, conformando nuestra mente a la suya.

Esto implica ser como Cristo en cada parte de nuestra vida, venciendo los deseos pecaminosos que constantemente nos atacan.

¿Cómo podemos lograr esto? Bien sabemos que para ello no bastan nuestros esfuerzos.

Sabemos igualmente que tampoco basta que entendamos que es malo lo que hacemos.

Para ser como Cristo, tenemos que dejar el régimen de la carne, junto con sus fracasos pecaminosos y sus afanes carnales, y comenzar a andar en pos del Espíritu.

El régimen del Espíritu no es legalismo ni anarquía.

Más bien es estar completamente libre de la esclavitud del pecado.

ANDE EN EL ESPIRITU

Romanos 7:

1 ¿Acaso ignoráis, hermanos ( pues hablo a aquellos que conocen la ley ), que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive?
2 Porque la mujer que tiene marido está ligada por la ley a su marido mientras él vive; mas si el marido muere, ella queda libre de la ley del marido.
3 Así que, si viviendo su marido, se casa con otro hombre, será llamada adúltera; pero si su marido muere, ella queda libre de la ley, y si se casa con otro hombre no será adúltera

En estos versículos, Pablo traza una analogías entre la enseñanza de la ley respecto al matrimonio y la relación que hay entre el creyente y Cristo.

Según la ley, cuando moría un hombre casado, su viuda ya no estaba ligada a él; era libre para casarse con otro hombre.

Por lo que a nosotros se refiere, hemos muerto a la ley y ahora somos de Cristo Jesús.

Ya no estamos atados a la ley como nuestra fuente de salvación.

Como la viuda, estamos libres de nuestra obligación para con la ley.

Debido a la muerte de Cristo, ahora somos salvos por gracia y no estamos atados a la ley que de todas maneras no podemos cumplir.

Esto es lo que Pablo quiere decir cuando dice: "Habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de Cristo" (Romanos 7:4).

La ley no es la causa del pecado. Más bien es una descripción exacta de lo que significa ser una persona piadosa.

Pero si tratamos de usarla como medio para ganar nuestra salvación, todo lo que hace es informarnos de lo pecadores que somos .

De esta manera la ley nos hace conocer el pecado.

Estar libre de la ley no significa oponerse a lo que ella dice.

Más bien significa que no caemos en condenación cada vez que pecamos.

Somos libres para buscar la voluntad de Dios en amor. El fin y al cabo, seremos más piadosos que no menos.

Y a la vez que morimos a la carne vivimos para el Espíritu.

El proposito de Dios de librarnos de la ley es "que llevemos fruto para Dios" (Romanos 7:4) y le sirvamos "bajo el régimen nuevo del Espíritu" (v.6).

Gálatas 5:

16 Digo, pues: Andad en el Espíritu; y no satisfagáis la concupiscencia de la carne.
17 Porque la carne codicia contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no podáis hacer lo que quisiereis.

Al leer cuidadosamente estos dos pasajes, osea Roamnos y Gálatas, podemos hallar varios principios que nos ayudarán a andar en el Espíritu y nos llevarán a una vida más semejante a la de Cristo.

En primer lugar, vemos un contraste entre la vida bajo el régimen nuevo del Espíritu y la vida bajo el régimen viajo de la ley (Romanos 7:4-6).

Debido a nuestra nueva naturaleza, nuestra vida debe llevar buen fruto.

Mientras andamos en el Espíritu, debemos ver el fruto de un carácter piadoso y de las buenas obras.

Si descubrimos que tratamos de hacer buenas obras con nuestros propios esfuerzos, que guardamos las reglas para demostrar que somos cristianos, debemos sospechar que esto es el régimen viejo de la ley.

Pero si no hay ningún cambio en nuestro carácter ni en nuestras obras, debemos preguntarnos si en realidad nos hemos decidido a andar en el Espíritu.

En segundo lugar, obedecer al Espíritu exige acción: "Andad en el Espíritu" (Gálatas 5:16).

Andar en el Espíritu significa tener victoria sobre los deseos pecaminosos porque obedecemos la Palabra de Dios mediante el poder del Espíritu.

Esto tendrá por resultado el cultivo del fruto del Espíritu en nosotros.

En tencer lugar, debemos tener cuidado de nuestros impulsos emocionales y de los deseos que caracterizan a nuestra vieja naturaleza.

Al respecto, Pablo escribe:"Porque el deseo de la carne es contra el Espíritu , y el del Espíritu es contra la carne; y éstos se oponen entre sí, para que no hagáis lo que quisiereis" (Gálatas 5:17).

necesitamos ejercer la autodisciplina espiritual para determinar qué es lo que Dios quiere que hagamos y poner esto por encima de lo que parece bueno.

De veras es un alivio poder hacer lo que Dios quiere y no tener que vivir dominados por nuestros propios impulsos.

DEJE EL PECADO.

Gálatas 5:24-25; Colosenses 3:1-5

Pero para beneficiarnos del sacrificio de Cristo, tenemos que aceptar su gracia, y eso significa dejar que El lleve nuestros pecados.

Tenemos que dejarlos; y no sólo esto, sino que también tenemos que dejar que sean crucificados con Cristo.

Bebemos hacer morir nuestra vieja naturaleza si queremos vivir en el régimen nuevo del Espíritu.

Entonces será verdad, como escribió Pablo, que los que son de Cristo "han crucificado la carne con sus pasiones y deseos" (Gálatas 5:24).

Cristo ya hizo la obra; está dispuesto a librarnos del pecado y tiene poder para hacerlo.

Estos dos pasajes tratan sobre la idea de que nuestra vida vieja o naturaleza pecaminosa fue crucificada con Cristo y que ahora hemos resucitado con El a vida nueva.

En Gálatas 5:24-25 se enfatiza la crucifixión de la vieja naturaleza, mientras que en Colosenses 3:1-4 se recalcan los resultados de nuestra resurrección a vida nueva.
En Gálatas 5:25, Pablo se limita decir: "Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu", animándonos a tomar medidas que sean compatibles con lo que sabemos de nuestra vida nueva.

En Colosenses 3:1-4 va más allá, describiendo el cambio de modo de pensar que debe acompañar a nuestra vida nueva.

Pablo dice que como nuestra vida nueva está escondida con Cristo (y llegará a su plenitud cuando Cristo regrese en gloria), debemos poner "la mira en las cosas de arriba" (Colosenses 3:2)

En vez de usar nuestras mentes para pensar en las cosas que antes nos atraían, debemos usarlas para buscar la voluntad de Dios.

Al hacerlo, estamos cooperando con Dios en la creación de la vida nueva que nos ha dado.

En Colosenses 3:5, Pablo vuelve a fijar su atención en la naturaleza vieja que hay que crucificar.

Enumera varios ejemplos de conductas y actitudes que caracterizan a la vieja naturaleza.

En sus epístola, Pablo presenta varias veces tales listas. Ninguna de ellas debe considerarse completa.

Bien puede insertarse al principio de la lista la frase "tales como" para hacer más claro el sentido del pasaje. (Fijese, por ejemplo, en la frase "y cosas semejantes a estas" en Gálatas 5:21).

¿QUE TIENEN EN COMUN LOS EJEMPLOS QUE DA PABLO EN COLOSENSES 3:5?

Cuatro de los cinco ejemplos se refieren al pecado de inmoralidad sexual (no obstante, la "impureza", las "pasiones desordenadas" y los "malos deseos" no se limitan a este pecado) o por lo menos tienen connotaciones de él.

Nada nos hace sentir más separados de Dios que este pecado.

Por lo que a otros pecados se refiere, son pocos los que atraen tanto la atención negativa del mundo como este.

Los tres últimos ejemplos tratan de actitudes con las que ponemos otras cosas por delante de Dios en nuestros corazones.

Poner otras cosas por delante de Dios es nada menos que idolatría.

Es exactamente lo contrario de lo que debemos hacer con nuestra vieja naturaleza: clavarla en la cruz.

ABSTENGASE DE LOS DESEOS DE LA CARNE

1 Pedro 2:

11 Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de las concupiscencias carnales que batallan contra el alma;
12 manteniendo vuestra honesta manera de vivir entre los gentiles; para que, en lo que ellos murmuran de vosotros como de malhechores, al ver vuestras buenas obras, glorifiquen a Dios en el día de la visitación.

Pedro les recuerda a sus lectores que son "extranjeros y peregrinos" en este mundo.

En otras palabras, esta vida que habita en nuestros cuerpos de carne es transitoria.

Nuestra vida permanente, eterna, está en otro lugar; y finalmente, las cosas que nos interesan ahora no tendrán ningún valor en aquel día.

Las cosas que para nosotros pueden tener prioridad en esta vida, tales como la comodidades materiales, ser estimados por otros y el éxito, tienen poca importancia cuando reconocemos que son parte de una vida que se va acabando.

Como extranjeros y peregrinos, no debemos estar demasiado interesados en las cosas que nos rodean ni estimar que las cosas pasajeras de este mundo tienen mucha importancia.

¿POR QUE DEBEMOS ABSTENERNOS DE LOS DESEOS CARNALES?
¿COMO BATALLAN ESTOS DESEOS CONTRA EL ALMA?

Cuando tenemos un impulso o un deseo ardiente de hacer algo que no glorifica a Dios, tenemos un deseo carnal. Es un deseo de pecar.

Ahora no podemos impedir que un pensamiento fugaz pase por nuestra mente. Al respecto, alguien dijo: "No podemos impedir que los pájaros vuelen por encima de nuestra cabeza; pero sí podemos impedirles que hagan nido en nuestro cabello."

Si acariciamos el pensamiento y lo albergamos en nuestra mente, entonces nos estamos ocupando en un deseo pecaminoso que batallará contra nuestras almas.Y es de esta clase de deseos que Pedro nos ruega que nos abstengamos.

Si no nos abstenemos de los deseos pecaminosos, aun cuando no cometamos los pecados en que hemos pensado, todavía batallarán contra nuestras almas.

Los deseos pecaminosos reemplazan la búsqueda de la voluntad de Dios con pensamientos que nos hacen sentir culpables y lejos de Dios.

Como nos sentimos avergonzados en su presencia, es más difícil que podamos aceptar la gracia que nos ofrece.

Y aunque nuestra salvación no se basa en lo que hacemos o pensamos, es por nuestro propio bien espiritual que procuramos abstenernos de los deseos pecaminosos.

Cuando nos abstenemos de los deseos pecaminosos, estamos beneficiando nuestra propias almas.

Estamos trabajando para mantener una buena relación con nuestro DiosCuando vemos más adelante y reemplazamos estos deseos con un vigoroso esfuerzo por buscar la voluntad de Dios, estamos beneficiando más que nuestras almas.

Las buenas obras que hacemos ayudan a aquellos que nos rodean.

Cuando se den cuenta de que hacemos el bien por amor a Dios, lo glorificarán.

Así que, tenemos una doble razón para vivir una vida como la de Cristo, y esta es la de fortalecer nuestra relación con Dios y darles a otros una razón para glorificarlo.

¿COMO DEBEN RELACIONARSE LOS CREYENTES CON LOS INCREDULOS?

Cuando los incrédulos se burlan de los creyentes o nos presionan para que participemos en actividades indebidas, podemos ser tentados de no decir nada para que la gente no hable mal de nosotros.

Nos decimos a nosotros mismos: "¿Quién lo sabrá?". Pero Pedro escribe que diga lo que diga la gente de nosotros, si nos conducimos como Dios quiere, finalmente El será glorificado.

Tal vez al presente la gente diga cosas poco halagüeñas de nosotros; pero cuando vean que seguimos haciendo buenas obras, tal vez los ganemos para Cristo.
Nuestra lucha espiritual es real. Aunque Satanás ya fue derrotado por Cristo, todavía es un enemigo formidable si no estamos preparados para enfrentarnos a él.

al diablo le gusta usar nuestro amor a este mundo o nuestro sentimiento de culpa por el pecado para apartarnos de Dios.

Para detenerlo necesitamos recordar de continuo lo que Cristo hizo por nosotros :Nos libró del dominio que el pecado tenía sobre nosotros, llevó en la cruz nuestra culpa y nos dio vida nueva y eterna a la vez.

Satanás no tiene ningún poder sobre nosotros, pero debemos tener cuidado de no darle un pretexto para esclavizarnos de nuevo.

Los guerreros espirituales necesitan vencer los deseos pecaminosos y decidirse a vivir una vida cristiana.

El proceso de librarnos del pecado quizá no termine antes que lleguemos al cielo, pero podemos comenzar ahora mismo. ¿Cómo lo haremos?

En primer lugar, deje el pecado. Dios nos ha librado del dominio de Satanás; de modo que podemos decidir no pecar.

Pídale a Dios que lo ayude y tenga sus deseos pecaminosos por muertos, crucificados.

En segundo lugar, absténgase no sólo de los hechos pecaminosos, sino también de alimentar los deseos pecaminosos.

Deje de jugar secretamente con malos pensamientos.

Aunque no cometa pecado, aunque nadie mós sepa lo que está pensando, todavía le hace daño a su alma cuando acaricia tales pensamientos.

Finalmente, reemplace el pecado con buenas obras. Busque la voluntad de Dios; haga un sincero esfuerzo por obedecer al Espíritu y vivirá la vida nueva en Cristo que El le compró en la cruz.


Con esto hemos terminado 

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