domingo, 2 de diciembre de 2012

Tu Palabra.



Cerca de ti está la palabra… Esta es la palabra de fe que predicamos. – Romanos 10:8.
Oh Señor… tu dicho me ha vivificado. – Salmo 119:41, 50.
El que menosprecia el precepto perecerá por ello. – Proverbios 13:13.

En el anuncio del deceso de un amigo, leí con alegría la siguiente afirmación: «Pongo mi esperanza en el Señor, confío en su Palabra». Esta esperanza es una certidumbre que tiene su fundamento en la Palabra del Señor. Quizás hemos oído o incluso cantado estas palabras de fe en un oficio religioso. Pero para conocer y recibir con plena certidumbre la Palabra del Señor, ¡leamos directamente la Biblia!

 El apóstol Pedro había pescado toda la noche en vano. Desanimado, lavaba sus redes. Jesús se acercó a él y le dijo: “Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar”. Pedro hubiera podido decir: «¿Para qué?». Pero no, él dijo: “En tu palabra echaré la red” (Lucas 5:5). Y la pesca fue tan abundante que la red se rompía. En esto vemos brillar la fe de Pedro. Que las condiciones de pesca fueran favorables o no, lo que contaba para él era la palabra de Jesús, la palabra del Señor. Es una palabra divina, y por lo tanto infalible.

Cuando los israelitas atravesaban el desierto, algunos fueron mordidos por serpientes venenosas. Entonces Dios dio un remedio a Moisés, es decir, una serpiente de bronce fijada a una vara. “Cualquiera que fuere mordido y mirare a ella, vivirá” (Números 21:8). La serpiente de bronce no tenía ningún poder mágico; lo que contaba era obedecer la palabra de Dios.

(Amen,Amen)

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