jueves, 9 de febrero de 2017

Cuando el pecado se convierte en tu “amigo intimo”

 

Sería una hipocresía enorme decir que ya no pecamos y lo digo porque este cuerpo corrupto nos insiste cada día para que caigamos en desobediencia y la mayoría de veces terminamos accediendo a pecados desde los que consideramos pequeños, hasta los que consideramos grandes, aunque siendo realistas cualquier pecado es eso: pecado.


Y es que el pecar no es una razón por la cual sentirse orgulloso, al contrario la mayoría de nosotros cuando le fallamos a Dios nos sentimos mal, sucios, indignos y una tristeza se apodera de nuestra vida, nos sentimos mal con nosotros mismos y aun más con Dios.

Pero cuando el pecado ya no nos produce culpa ni cualquier sentimiento de dolor o tristeza, cuando pecamos y lejos de sentirnos arrepentidos no sentimos nada, entonces allí si hay un GRAN PROBLEMA.

Y es que a veces el pecado se convierte en nuestro “amigo íntimo”, y digo íntimo porque en la mayoría de ocasiones las personas nos ven muy bien, pero en la intimidad sabemos en qué estamos fallando y que es lo que nos hace sentirnos mal o incómodos.

La gente puede ver que sonríes, que le sirves a Dios, que hablas de Dios muy lindo, que tienes dones hermosos, pero eso no significa que en la intimidad sea exactamente igual a lo que tratas de reflejar.

La mayoría de personas reflejan hacia las personas una personalidad que en su intimidad no es la verdadera. Muchos se ven alegres, sonriendo, pero posiblemente en su intimidad lloran, se sienten infelices y no encuentran como salir de esos estados de ánimo.

Cuando el pecado se vuelve tu “amigo intimo”, es triste, porque no se lo puedes contar a nadie, te da vergüenza que sepan que pecas en determinada área, no quieres perder la imagen que la gente tiene de ti, entonces te encierras tu mismo, en tu propia vida y con tu único amigo, ese pecado intimo, que nadie sabe cuál es, pero que te afecta tanto.

Y es que guardar lo que te produce dolor, es muy difícil, tratar de ser feliz sin superar esa área parece casi imposible. Pero por alguna razón no te atreves a revelar el nombre de tu “amigo intimo”, ¿Por qué?, quizá por temor a la reacción de los demás, quizá por temor al rechazo, quizá por temor a que no sigas sirviendo en esa área que tanto te gusta.

Yo sé que es tener un “amigo intimo”, yo sé que es no poder contarle a alguien lo que te sucede, quizá por miedo, quizá por vergüenza, quizá porque simplemente no quieres perder la imagen que los demás tienen de ti, pero cuánto daño causa, cuánto dolor, cuanta tristeza, es como un secreto que quisieras revelar y no puedes hacerlo.

¿Qué hacer entonces?, la única forma de vencer a tu “amigo intimo”, es cambiarlo por otro que sí sea un verdadero amigo para ti.

Hablo de que la única forma de vencer ese pecado que poco a poco se fue convirtiendo en tu “amigo intimo”, es haciendo de JESÚS tu verdadero amigo.

Y es que he comprendido con el tiempo que la única forma de ser fiel al Señor en todo, es manteniendo una relación muy cercana con Él, no permitiendo que el tiempo libre o el descanso te lleve a escuchar las seducciones de tu “amigo intimo”. Y es que el no hacer NADA puede causarte grandes problemas, porque le abres sin darte cuenta una puerta al enemigo para que te hable al oído y te trate de convencer de fallar nuevamente.

Cuando haces de JESÚS tu amigo, entonces todo el día estas con Él, todo el día piensas en Él, cada situaciones de tu diario vivir te lleva a enfocarte en lo que Dios haría o como actuaria en determinada situación.

El sumergirte en Dios, en leer su Palabra cada día, el hecho de cantarle, de congregarte y servirle, puede sustituir los tiempo o los momentos que le dedicabas sin querer muchas veces a tu “amigo intimo”.

La Biblia lo dice de esta manera: “No dejen que el mal los venza, más bien venzan el mal haciendo el bien.” Romanos 12:21 (Nueva Traducción Viviente).

Quizá has luchado muchas veces queriendo deshacerte de tu “amigo intimo”, pero no has podido, quizá por algunos días, semanas o meses te deshaces de él, pero al tiempo nuevamente está contigo, a tu lado, susurrándote al oído y platicando contigo, haciéndote sentir indigno, malo, sucio y sin capacidad para cambiar algún día.

Hoy quiero que recuerdes que Dios está contigo siempre, a pesar de que muchas veces te sientas atado a cosas que te están dañando en la intimidad, Dios está allí esperando a que le permitas actuar, recuerda que Él no ha terminado contigo y no te va a dejar hasta que acabe la obra en ti. Su Palabra dice: “Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.” Filipenses 1:6 (Nueva Traducción Viviente).

Dios quiere hacer su parte en tu vida, ahora es necesario que tú hagas tu parte, permitiéndole que Él sea tu amigo verdadero, ese que en lugar de motivarte a hacer el mal, te motivara a hacer el bien, ese Amigo que en lugar de hacerte sentir mal, te hará sentir amado, querido, respetado, porque eres especial para Él.

¡No digas no puedo!, ¡No creas que eres incapaz de salir de esa “amistad” que solo te ha llevado a sentirte mal contigo mismo y con Dios!, La Biblia dice: “Porque no es un espíritu de cobardía el que Dios nos otorgó, sino de fortaleza, amor y dominio de nosotros mismos.” 2 Timoteo 1:7 (La Palabra (Hispanoamérica)).

Tú no naciste para ser esclavo del pecado, porque Dios ya te hizo libre, y desde el día que Él te compro tú eres pertenencia suya y Él te ha dotado de una capacidad especial para salir adelante de cualquier problema o situación que quiera ganarte la batalla.

Recuerda esta verdad irrefutable: “¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?” Romanos 8:31 (Reina-Valera 1960). Dios no está contigo porque te lo merezcas, ni se alejara de ti porque no te lo mereces, Dios no es cambiante, Él prometió estar contigo todos los días de tu vida, entonces si Él está allí, ¿Por qué no comenzamos a hacerlo nuestro verdadero Amigo?

Es hora de comenzar a cultivar una verdadera relación con Dios, es momento de comenzar a buscarlo cada día más, con una disciplina verdadera, con una determinación real, con una disposición sincera y con un hambre real de su presencia sobre nuestra vida.


¡Hoy es un buen día para renovar tu relación personal con Dios!

Repite conmigo la siguiente oración:

“Padre que estas en los cielos, te doy gracias porque cada mañana al despertar tu misericordia se ha renovado sobre mi vida, te doy gracias por todo lo que me das sin que lo merezca, gracias por tu amor incomparable. En esta hora reconozco mi necesidad de ti, reconozco que he estado llevando una vida un poco alejada de ti, reconozco que he permitido que el pecado se convierte en mi “amigo intimo” y diario, por esa razón pido a ti que me perdones por mis errores y que me ayudes a salir de esta situación, no quiero seguir fallándote, no quiero seguir siendo esclavo de mis debilidades, quiero someterme a ti, quiero vivir para ti, quiero pensar en ti, quiero que tu gobiernes toda mi vida, ¡Ayúdame Señor! A ser cada día más como tú, se mi Amigo Verdadero, permite que cada momento del día mis pensamientos y todo mi ser te busquen, dame la fuerza para decir no a las constantes propuestas que el enemigo me presenta, dame voluntad, determinación y dominio propio para vencer todo ataque maligno y ayúdame a agradarte en TODO lo que haga. Gracias Señor, porque yo sé que a partir de este día TODO comenzara a ser diferente, porque tú pondrás en mi el deseo ferviente de buscarte y agradarte, gracias mi Dios, en el Nombre Poderoso de Jesús, Amén”

Autor: Enrique Monterroza


Escrito originalmente para destello de su gloria.

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