lunes, 30 de julio de 2012

¡CADA DÍA TRAE SU PROPIO AFÁN!



¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?…   Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal.
Mateo 6:25-34 (RV60)
Muchos de nosotros y nosotras tenemos necesidades, anhelos y deseos; y a lo largo de nuestro peregrinaje en esta tierra tendemos a perder nuestro enfoque celestial por las muchas situaciones que atravesamos a diario, las cuales se acumulan día tras día. 


Las obligaciones pendientes que tenemos en nuestro hogar (para los que tienen hijos) la alimentación, y muchas cosas más que tenemos que cubrir cada día; necesidades básicas, y las NO tan básicas que se despiertan por escuchar tanto los medios de comunicación mencionarlas a cada rato.

Y nos afanamos tanto por querer cumplir con todo lo que planificamos diariamente en nuestra agenda humana, por tener ¡tooodo! Lo que queremos y necesitamos lo más pronto posible; Queremos alcanzarlo todo y correr grandes millas de una sola vez y por todas, tratando de añadir a nuestras vidas más resultados que los del día anterior. 

Pero por mucho que nos afanemos, Dios ya había planeado de antemano en su agenda divina todo lo necesario y lo suficiente de oficios, metas, quehaceres y demás cosas para ejecutarlas precisamente en este día de hoy; sino que, frecuentemente, nosotros intentamos (muchas veces inconscientemente) llenar nuestra agenda con demasiadas cosas que a lo mejor no son tan prioritarias ni edificantes. 

Debemos estar en intima comunión con nuestro Padre, El cual nos dará Su sabiduría para organizar nuestro tiempo conforme a lo que Él ha puesto en nuestro corazón y, nos ha convencido en nuestro espíritu hacer para ejecutar las cosas que tenemos que hacer en este preciso momento e instante.

Además, el pueblo de Dios, sobretodo las mujeres, tendemos a mirar cómo nos vestimos cada vez mucho mejor. Nos dejamos llevar por los diversos y encantadores diseños y colores de faldas o pantalones, blusas, vestidos y accesorios, deseando, algunas veces con ansias, comprarlos y vernos frente al espejo luciendo aquellos vestidos. Pero también nuestro Padre celestial nos dice que somos más valiosos y valiosas que las mismas flores que vemos en los jardines, las cuales son hermosas. Y si nuestro Dios las creó con hermosos detalles y brillantes colores y diseños, ¡¿CUÁNTO MÁS A NOSOTROS Y NOSOTRAS, QUE SOMOS SUS HIJOS E HIJAS Y COHEREDEROS DEL REINO, NOS VESTIRÁ MEJOR Y NOS DARÁ LA PROVISIÓN POR SU DIVINA GRACIA?!

Como vemos en el mundo, en el cual habitan nuestros vecinos, compañeros, amigos y familiares, que tal vez aún no han conocido personalmente a Cristo, buscan estas cosas, se esfuerzan en sus propias fuerzas para alcanzar aquello que nosotros entendemos como añadiduras y viven para ello. En cambio, nuestro Dios no quiere que nosotros sus hijos e hijas vivamos ni dependamos de esas cosas, las cuales vienen después que busquemos su reino y su justicia en nuestras vidas, sino que estemos contentos y contentas con lo que tenemos; puesto que Dios, conforme a su tiempo y voluntad, nos concederá las peticiones de nuestro corazón, eso si permanecemos en continuo deleite buscando de su presencia, haciendo su voluntad y sirviéndole con todo nuestro primer amor.

Dios tampoco desea que nosotros nos estemos preocupando o que tengamos incertidumbre por el día de mañana, pues Él sabe perfectamente (y aún más que nosotros mismos) nuestras necesidades; y que Él nos las puede suplir de una forma sobreabundante, más de lo que nosotros imaginamos, pedimos o pensamos. Dios suple diariamente tus necesidades. Así que…

¡Aprendamos a vivir un día a la vez, pero sin dejarnos de proyectar, pues Dios tiene el control absoluto de aquellas necesidades y quehaceres diariamente, pues cada día trae su propio afán!

Autora: Erika María Zambrano
Escrito para www.destellodesugloria.org

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