jueves, 5 de noviembre de 2015

¿Qué dice la Biblia sobre la Sexualidad?



La Biblia y la Sexualidad
El tema de la sexualidad se ha visto como controversial por muchos años en los ámbitos cristianos. Durante siglos se lo ha visto como malo, humillante, pecaminoso. Tal ha sido el descrédito en el que ha caído que se hace necesaria una investigación fiel y sincera, para conocer el mensaje que Dios nos ha dado sobre este espinoso tema a través de las Escrituras Sagradas.


En esta investigación, encontré que esta mala reputación se arrastra desde tiempos pre-cristianos. Se origina en la interpretación dualística de los griegos. Platón -por ejemplo- sostenía que es en el alma donde se alojan las cosas más lindas de la vida. En cambio la carne es mala. El vocablo “soma” originalmente significó “cárcel”. Los griegos pensaban que el cuerpo era la cárcel del alma. Si bien esta forma de pensar no fue típicamente cristiana, puedo decir que el concepto “prendió” en los ámbitos cristianos de los primeros siglos y ha mantenido vigencia hasta hoy. Muchos ascetas religiosos -durante siglos- castigaron cruelmente sus cuerpos como forma de disciplinarlo.

Otra de las interpretaciones erróneas que han servido para desacreditar el sexo se desprende del concepto anterior. Todos sabemos que el ser humano es una unidad indivisible, es un ser biológico, psicológico y espiritual y actúa dentro de un medio social. El error en el que se ha incurrido -no de la Biblia- sino de algunas corrientes de interpretación, es haber considerado estas áreas en forma separada. Entonces, el sexo quedó ligado a lo biológico y la relación sexual no a esa unidad sino a la satisfacción de la necesidad instintiva.


Va a ser importante que hablemos de sexo desde la perspectiva de Dios, según se nos provee información a través de la Biblia. Dios es el creador del sexo. Dios es el creador del cuerpo humano y la sexualidad debe verse en relación a esa unidad indivisible de la que hemos hablado y no relacionarla solamente a aspectos biológicos.

Sexo: Creación de Dios

La Biblia dice que Dios es el creador del sexo. El relator bíblico en Génesis nos muestra que en la obra de creación incluyó -aparte de todo lo creado- al ser humano. “Creó Dios al hombre, a su imagen, a imagen de Dios lo creó, varón y hembra los creó” (Gén. 1:27). El vocablo sexo significa división. Dios es responsable de esa división, El ,  la ideó. Por mucho tiempo -aún hoy- la gente ha malinterpretado el pasaje bíblico en Génesis y ha sostenido que el pecado que cometieron Adán y Eva en el Huerto de Edén es haber descubierto su sexualidad y haber tenido relaciones sexuales. Esto es un error teológico serio. 

Lamentablemente se ha difundido a través de los tiempos y ha hecho mucho daño a la gente. La Biblia nos insta a pensar positivamente respecto a la sexualidad. Dice el texto bíblico: “Y los bendijo Dios diciendo: Creced y multiplicaos, llenad la tierra y señoreadla completamente” (Gén. 1:28). Es de destacar que las tres primeras indicaciones que Dios tiene para el ser humano tienen que ver con la sexualidad y el ejercicio de la misma. ¡Dios no puede ordenar tareas si previamente no dotó a las personas con la capacidad de realizarlas!

El lector cuidadoso del Génesis notará que luego de cada acto de creación el relator bíblico afirma: “Y vio Dios que era bueno”. Pues, cuando hace al ser humano -varón y hembra, con la capacidad de reproducirse- reitera dicha afirmación. Más adelante el relato bíblico dice: “Por esta causa, dejará el hombre a su padre y a su madre y se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne” (Gén. 2:24). Aquí, Dios recomienda y aprueba la unión del hombre y la mujer, lo que nos permite seguir alejando esa idea pecaminosa del sexo. Un comentarista bíblico anota que esta unión matrimonial permite al hombre y a la mujer volver a reunirse en una sola carne, ya que antes de la creación de la mujer ya habían sido uno y que en el acto sexual simbólicamente volvían a reunirse. Dijo Juan Calvino -teólogo reformista-: “Sin la mujer el hombre es incompleto. El hombre debe amar a su mujer como a su propio cuerpo, sólo en esa unión se logra la verdadera personalidad. El sexo es parte del plan creativo de Dios, pero éste debe conservarse dentro de los límites del matrimonio monogámico”. (Exégesis del libro de Génesis). Y para afirmar la bondad que hay en esta creación de Dios podemos ver la figura bíblica en el que se relacionan como esposo al Yaveh del Antiguo Testamento y la esposa, el pueblo de Israel. Una figura similar surge en el Nuevo Testamento entre Cristo y la Iglesia. Si la unión entre hombre y mujer no fuera lícita, entonces Dios no usaría estas figuras didácticas en ambos testamentos sagrados.

En el libro El Acto Matrimonial se cita al psicólogo Brandt: “Dios creó todas las partes del cuerpo humano. No creó algunas partes buenas y otras malas, las hizo buenas todas, pero cuando hubo acabado su creación, la contempló y dijo “que era bueno en gran manera “. Sin lugar a dudas, Dios ha sido el diseñador y creador del aparato sexual masculino y femenino, y más aún, creador del sexo, para que varón y hembra pudieran gozar de él. La actividad sexual, por ende, es una actividad santa y esto lo afirma el escritor de la epístola cuando dice: “Honroso sea en todos el matrimonio y el lecho sin mancilla” (Hebreos 13:4). Pero, no obstante la bondad que hay en esta vivencia humana, Dios una y otra vez en la Biblia censura el mal uso del sexo. Reprende a los fornicarios y a los adúlteros, se habla de Israel como una nación adúltera en varios pasajes del Antiguo Testamento. A pesar de todas las censuras no podemos interpretar que el sexo sea malo o pecaminoso, Dios aprueba la vida sexual cuando se da dentro de determinados límites, la censura llega cuando se quebranta lo establecido por El.

Sexo: en su aspecto de relación

En la antigüedad lo relacionado a lo sexual se mantuvo en íntimo contacto con lo religioso, se establecieron rituales en donde se confundían lo erótico con lo misterioso. En el Antiguo Testamento el acto sexual tiene algo de misterioso ya que a través de éste se llegaba a “conocer” a la otra persona y por consiguiente algo del secreto de su propia existencia. Cuando se usa el vocablo “conoció”, en varias situaciones se refiere a la relación sexual. Había conciencia que en el mismo acto se descubría algo sobre el misterio de la vida y de la misma esencia de la otra persona, que no se podía conocer de otra manera.


Daniel Tinao afirma que la relación sexual no es una mera fuente de placer sino que encierra un misterio fascinante. En varios pasajes de la Escritura Sagrada se da a entender que había algo de sacramental en el acto sexual, como que una dádiva espiritual emergía del mismo. El sexo no es algo aparte de Dios, sino una parte crucial de la creación de Dios donde El mismo crea la capacidad de crear. Larry Christenson en su libro La Familia Cristiana afirma: “La unión sexual decimos que es un misterio, porque no hay explicación lógica que pueda dar cuenta de su poderosa y penetrante influencia en la pareja. Si bien es un acto físico involucra mucho más que sensaciones físicas. Produce una vinculación tan profunda entre dos seres humanos, que la Biblia habla de ellos como una sola carne. Sin embargo, no hay otro acto humano que acentúe de tal manera la identidad personal y la conciencia de sí mismo a un nivel tan elemental. Es una entrega profunda y fundamental de uno, una rendición de los poderes de procreación a otro. Pero mientras más éxito alcanza la relación tanto mayor es el grado de satisfacción personal obtenida por ambas partes”.

Cuando llegamos al Nuevo Testamento habían pasado muchas cosas y entre ellas la desnaturalización de la relación sexual. El propósito de Jesús al enseñar sobre el sexo fue integrarlo a la personalidad de tal manera que se hiciera imposible comercializarlo o considerarlo como una de las tantas fuentes de placer que se ofrecen al hombre. Por eso es que Jesús dice que “el que mira a una mujer para codiciarla peca en su corazón” (Mateo 5:27) porque no está mirando a una persona entera con toda su dignidad y excelsitud, sino que está mirando un instrumento de placer carnal. Y al fin, esto es la esencia del pecado, el rechazo de la personalidad total, el “uso” de la otra persona, en cualquier sentido que sea, olvidando su dignidad como ser espiritual creado a la imagen y semejanza de Dios. 

La unión sexual establece una unidad tan estrecha y descubre secretos tan íntimos del ser, que la convierten en una unidad indisoluble, para toda la vida. Comparto nuevamente varios conceptos del Dr. Daniel Tinao (Revistas de Psicología Pastoral): “La concepción cristiana sobre la relación sexual no surge como una interpretación caprichosa, arbitraria o edificada sobre una concepción poco realista del hombre, al contrario, ésta se apoya y está enraizada en una interpretación realista de la naturaleza humana y en concepciones psicológicas y sociales que tienen plena vigencia” … “El concepto cristiano del sexo está edificado sobre dos pilares fundamentales: una concepción particular del hombre y una concepción particular de la sociedad y la vida en relación”. En cuanto a la vida en relación afirmo que el concepto cristiano de la vida sexual se edifica sobre una idea sumamente elevada de las relaciones humanas. No se lo concibe al acto sexual como un acto animal tendiente a satisfacer lo instintivo sino como una de las más acabadas expresiones de relación entre dos seres. Esto presupone un profundo amor y respeto, como así también aceptación del otro como una totalidad.

Otro concepto importante del Dr. Tinao dice que: “El hombre es un ser eminentemente social, su vida se mueve y se realiza en el contexto de la comunidad. El estímulo que significan las relaciones interpersonales tiene un tremendo valor formativo. La unidad que Dios creó no es un hombre a solas sino la pareja, y el matrimonio sigue siendo hasta hoy la mejor oportunidad para desarrollar ese sentido comunitario que la vida tiene y aprender a vivir en relación con otros”. 

Entonces, todas las veces que se saca la relación sexual del contexto de la unión estable y permanente de dos seres que se aman y están dispuestos a afrontar la responsabilidad social que ello comporta, la relación se desvirtúa en su misma esencia. Diría más, se deja de tener una relación para tener explotación, donde alguien siempre es tratado egoístamente. La relación sexual deja de ser un medio para transformarse en un fin. La persona es tomada, no en su integridad sino como un medio de satisfacción sexual. Cito nuevamente a Larry Christenson (La Familia Cristiana): “En el cristianismo el matrimonio alcanza una santidad y significación que no se conoció en tiempos antiguos. La dignidad olvidada de la mujer fue traída a la luz y su valor reconocido.


 Ni la ley romana o la mosaica le concedían a la esposa derechos que fueran igualmente grandes y sagrados como los del hombre. En el cristianismo la esposa, del mismo modo que el esposo, tiene el derecho de tener la perfecta fidelidad de su consorte. La esposa deja de ser meramente la ayudante del esposo en esta vida presente y llega a ser coheredera con él de la vida eterna”. Tan honorable y sagrada es la relación que se establece entre estos dos seres que pueden formalizar la vida matrimonial, que Dios usa la figura del matrimonio para simbolizar la relación que Cristo va a tener con la Iglesia Cristiana y ello por el grado de dependencia, por el amor, la comunión continua, el respeto, entre otros.

Fuente: Amen, Amen

2 comentarios:

  1. Gracias por escribir esto, es sabiduría, sabiduría que el mundo no tiene y no puede dar, sólo Dios nos puede dar las llaves para vivir plenamente.

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  2. La sexualidad de que trata las sagradas escrituras se ha referido a la unión monogámica de un hombre y una mujer, no a la unión de dos hombres o dos mujeres; estas uniones están proscritas por Dios.

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