viernes, 10 de febrero de 2012

¿Por qué a veces la vida es tan dura?



Tenemos que admitirlo, a veces en la vida parece que estamos metidos en un hoyo.
La verdad es que en este preciso momento, se está dando un universo de “batallas de voluntades”. Y si usted es uno de los que insiste en hacer “lo que quiera” entonces su mundo es como usted lo quiere, porque de cierta forma, es el mundo que usted ha pedido.


¿Recuerda la historia de Adán y Eva? Dios les instruyó a no comer de cierto árbol. ¿Y qué hicieron? Comieron la fruta prohibida a pesar de la advertencia. Ellos participaron “voluntariamente” de ese fruto, pensando que podían ignorar lo que Él les dijo.

Adán y Eva creyeron que podían ser como Dios… ¡Sin Dios! Creían que había algo más valioso que Dios mismo, algo mejor que tener una relación personal con Él. En este sistema mundial, como lo conocemos hoy, lleno de fallas y maldades, es un resultado directo de su decisión.

Su historia es la de todos nosotros, ¿no es así? ¿Quién no ha dicho en algún momento (ya sea en voz alta o en el secreto de su corazón): “Dios, creo que yo puedo solo desde aquí. Esta la manejo solo. Aprecio su ofrecimiento pero creo que me las puedo arreglar solo ahora.” Y nos vamos, intentando que funcione nuestra vida sin la ayuda de Dios.

¿Cuál es la respuesta de Dios? Lo permite.
Él nos deja tenerlo; y aun así todo el tiempo como un Padre amoroso se duele mientras observa a su hijo(a) testarudo(a) ir directamente de una situación desastrosa a otra, conociendo qué está por venir.

¿Cuál es el resultado? Terminamos experimentando las dolorosas consecuencias de nuestras propias acciones o las de otros, que van contrarias a la voluntad de Dios. Cosas como asesinatos, robos, mentiras, avaricia, abuso sexual, odio, guerra, etc., son un resultado directo de las personas que rehúsan darle a Dios el acceso e influencia sobre sus vidas. Van haciendo lo que gustan y terminan sufriendo mucho a causa de esto.
“Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros.” (Isaías 53:6).

¿Cuál es la solución de Dios para este dilema terrible de la raza humana? Él mandó a su único Hijo, Jesucristo a mostrarnos el camino “de regreso” al Padre.

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna. Dios no envió a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. “(Juan 3:16-17).

Jesús dijo: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” (Mateo 11:28).
En medio de las dificultades, podemos tener tranquilidad sabiendo que Cristo está con nosotros, y Él nos da la fortaleza para superar los obstáculos. Su gozo y paz están en medio de la tormenta.

Jesús dijo: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción, pero confiad, yo he vencido al mundo.” (Juan 16:33).

¿Quiere una relación con Dios?

Si desea tener este tipo de relación con Dios, ore algo así:
“Señor Jesucristo, creo que sufriste el dolor de la cruz para darme una nueva vida. Te pido que vengas a mi vida y me des tu paz y gozo. Confieso que soy un pecador, que he buscado mi propio camino y me he equivocado. Por favor perdóname por mis faltas. Te recibo ahora como Señor y Salvador. Por favor lléname con tu Espíritu Santo. Ayúdame a seguirte y servirte con mi vida. Gracias, Señor Jesús. Amén.

Si usted oró esto de corazón, ahora es un hijo(a) de Dios. Las cosas de su vida pasada se han ido y Él le ha hecho nuevo.

Fuentes: Club 700

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