viernes, 13 de febrero de 2015

Dependiendo de Dios en oración


 Por Fernando Alexis Jiménez | Desconozco cuántas veces ha cometido errores por decisiones equivocadas. En mi caso han sido muchas las veces que fallé al inclinarme por un negocio, un viaje o simplemente una compra doméstica. Minutos, horas o días después me arrepentí. ¡No había nada qué hacer!

 Lo más probable es que a todos nos ha ocurrido lo mismo. Nos dejamos guiar por amistades o quizá un promotor comercial. Nos pintan un panorama alentador, que promete mucho. Llegado el momento comprendemos la magnitud del equívoco.

Si queremos cambiar el panorama, es necesario volvernos a Dios, confiar en Él, avanzar tomados de Su mano poderosa. El rey David lo expresó con las siguientes palabras: “Oh Dios, tú eres mi Dios; de todo corazón te busco. Mi alma tiene sed de ti; todo mi cuerpo te anhela en esta tierra reseca y agotada donde no hay agua.”(Salmo 63:1. NTV).

Es esencial que no solo anhelemos a nuestro Padre celestial como por  un rapto de emocionalismo, sino con un corazón sincero, y que desarrollemos intimidad con Él emprendiendo cada día con oración.

Nuestro Maestro Jesús no tomaba decisiones sin antes consultarlas al Padre. Sus actuaciones estaban rodeadas por oración, como lo leemos en Evangelio de Lucas: “Cierto día, poco tiempo después, Jesús subió a un monte a orar y oró a Dios toda la noche.”(Lucas 6:12. NTV)

¿Por qué lo hizo? Porque al día siguiente debía escoger a sus discípulos. Y Él oró sin medir el paso de las horas. Intimidad con Dios. Permanencia en Él.

Un principio que aprendemos para nuestra vida práctica de fe, es orar antes de decidir algo, incluso aquello que nos parezca muy trivial.


Lo mejor que podemos hacer como discípulos de Jesús el Señor, es comenzar nuestras actividades diarias en oración, pero además, terminar las jornadas en búsqueda del rostro de Dios.

Aun cuando estaba muy cansado, nuestro Salvador lo hacía siempre. No había excusa. El evangelista Mateo lo describe así: “Después de despedir a la gente, subió a las colinas para orar a solas. Mientras estaba allí solo, cayó la noche.” (Mateo 14:23. NTV)

¡Cuántas veces pretextamos estar muy cansados para no orar! No le ha ocurrido a usted solamente. A mí, al vecino, a todos. Y el hecho de tratarse de un comportamiento o hábito común, no significa que sea bueno. Por el contrario, es equivocado y nos lleva a errores, por con Dios iniciamos el día y con él, debe terminar.

Sólo cuando aplicamos modificaciones a nuestro esquema de oración, podemos expresar: “En paz me acostaré y dormiré, porque solo tú, oh Señor, me mantendrás a salvo.”(Salmo 4:8. NTV)

No es asunto de si queremos o no, sino de evaluar qué nos conviene. Y usted está llamado a tomar decisiones radicales, que con ayuda de Dios, permanezcan en el tiempo.

Con frecuencia al dictar conferencias me preguntan: ¿Cuánto tiempo debemos orar? Y mi respuesta es invariablemente la misma: Todo cuanto más pueda.

El apóstol Pablo reafirma este principio cuando enseña: “Nunca dejen de orar.”(1 Tesalonicenses 5:17.NTV)

Orar debe ser un principio de vida que no se circunscribe a tiempo, sino más bien, a la disposición de nuestro corazón. Orar siempre.


Le animamos para que evalúe su vida de oración y, desde hoy, aplique modificaciones en la meta que nos asiste de desarrollar intimidad con Dios… y si no ha recibido a Jesucristo, hoy es el día para que lo haga. Le aseguro que no se arrepentirá.

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