martes, 7 de agosto de 2012

La estatura de la santidad




por Charles F. Stanley | Su estatura espiritual depende de cómo responde usted a una sencilla pregunta: ¿Qué está haciendo para crecer a la imagen de Cristo?

Con los años, he notado un tema recurrente en conversaciones con otros creyentes. Inmediatamente después de manifestar que son salvos en Cristo, concluyen con estas palabras: “… pero sé que no he crecido como debería”.


¡Qué trágico sería para los padres que sus hijos avanzaran en edad, pero nunca aumentaran de estatura, ni se volvieran más fuertes y más capaces! Sabrían que algo estuvo radicalmente mal. Sin embargo, eso es lo que muchos cristianos experimentan en su vida espiritual. Aun más sorprendente es que algunos no están conscientes de su condición, o no les preocupa. Imagine que el próximo domingo en su iglesia la madurez espiritual de cada persona se mostrara por su estatura física. ¿Cuántos serían visibles en los bancos? ¿Habría algunos gigantes de pie entre la congregación?

Muchos cristianos piensan que recibir el regalo de la salvación del Señor es el objetivo final —dicen una oración, compran una Biblia, y después van por la vida sin tener un objetivo claro, como si nada significativo hubiera ocurrido. Pero “nacer de nuevo”, como describió el Señor al inicio del camino cristiano (Jn 3), implica que con la nueva vida viene el crecimiento. Es un principio básico: los seres vivos crecen, ya sea en la esfera física o en la espiritual.

La decisión más sabia que usted puede tomar es disponer su corazón, su mente y su voluntad para hacer todo lo que sea necesario para crecer en Cristo. De manera que, cada vez que el Señor le dé una responsabilidad, estará preparado y facultado para cumplir con el llamamiento que haya recibido. Pero, si por el contrario, permanece siendo un bebé espiritual, no importa lo mental o físicamente preparado que esté, no tendrá lo necesario para cumplir con sabiduría y discernimiento.

Requisitos para el crecimiento espiritual

Hay siete elementos esenciales para avanzar en nuestro desarrollo espiritual, agradar a Dios y ser útil para Él.
La salvación. El primer y más obvio requisito es una relación con el Señor. Puesto que todos llegamos a este mundo muertos espiritualmente, la única manera de cobrar vida es nacer de nuevo. Si usted ha experimentado realmente este nuevo nacimiento, el fruto de tener una comunión permanente con Cristo aparecerá a lo largo de su vida (Jn 15.4, 5). Sin embargo, si después de toda una vida de considerarse una persona cristiana no ha habido ningún cambio en su carácter, actitudes, palabras y comportamiento, ahora mismo es el momento para que se asegure realmente de que confía en Cristo como su Salvador. Tan pronto como usted tome esa decisión, el Espíritu Santo de Dios vendrá a vivir dentro de usted, y producirá el fruto de una vida espiritual auténtica (Gá 5.22, 23).

La Sagrada Escritura. Usted no puede esperar crecer en el Señor si abre su Biblia solamente los domingos. Nadie puede sentirse bien durante largo tiempo tomando apenas una comida a la semana, y lo mismo sucede con la vida espiritual. Usted necesita una provisión diaria de la Palabra de Dios. Un alimento que se sumerja en su mente, transforme sus pensamientos, moldee su carácter y le motive a la obediencia.
Dios quiere que usted escrudiñe la Palabra por sí mismo. Si tiene problemas con la comprensión de la Biblia, mi consejo es que la siga leyendo. Usted tiene un maestro, el Espíritu Santo, que vive dentro de usted, y que le guiará si simplemente le da la oportunidad de hacerlo (Jn 16.13). Al darse por vencido demasiado pronto, usted le niega la oportunidad de abrir su mente a la Palabra.

Compartir. El tercer elemento esencial para el crecimiento es compartir la vida, primero con el Señor, y luego con los demás. Aunque la salvación abre la puerta a una relación con Dios, la profundidad de esa relación dependerá de su disposición a ser receptivo y sincero con Él. Dios quiere que usted piense en Él, no como un Salvador distante, sino como su amigo íntimo. El apóstol Pedro nos exhorta a “crecer en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (2 P 3.18). Sin embargo, usted nunca aprenderá a conocerlo, a menos que entable una conversación íntima con Él. Dígale lo que hay en su mente y cómo se siente. Cultive una vida continua de integridad, confesión y arrepentimiento.

La segunda esfera en cuanto a compartir, es con otras personas. Todos necesitamos amigos cristianos con quienes podamos compartir nuestras luchas, congojas y buenos momentos (Ro 12.15). Cuando Dios derrama su vida en la suya por medio de las Sagradas Escrituras y el Espíritu Santo, Él quiere que usted permita que esa vida se derrame también en otras personas. Cristo ha creado su cuerpo —la iglesia— para que estemos interconectados —ayudándonos, apoyándonos y orando unos por otros. Sin embargo, si usted recibe y nunca comparte, se estancará y dejará de crecer.

Sufrimiento. Aunque a nadie le gusta el sufrimiento, este es uno de los mejores instrumentos que Dios utiliza para hacernos madurar (Stg 1.2-4). Si duda de que es así, dé una mirada retrospectiva a su vida. ¿Creció más cuando todo estaba funcionando sin problemas o cuando la aflicción lo tenía atenazado? Durante los tiempos difíciles, tenemos visiones nuevas del Señor, adquirimos una mayor comprensión y desarrollamos cualidades de carácter agradables a Dios. Por ejemplo, ¿cómo aprenderíamos a tener paciencia, si nunca tuviéramos que soportar situaciones difíciles? Lo que el ejercicio físico hace para fortalecimiento del cuerpo, el sufrimiento lo hace para formación del carácter.

No estamos por encima de nuestro Salvador. El transitó la senda del sufrimiento, y nosotros, como sus discípulos, estamos llamados a recorrer el mismo camino. La clave para crecer es la sumisión al Señor en las pruebas, al mismo tiempo que procuramos aprender lo que Él nos está enseñando por medio de ese sufrimiento.

Ensanchamiento. Cada vez que usted sienta como si Dios le estuviera pidiendo algo más allá de sus capacidades y de sus fuerzas, está siendo ensanchado. A pesar de que la experiencia es difícil, sin este proceso usted nunca crecería. ¿Cómo va a crecer su fe en Él, a menos que sea probada? Cuando una prueba es tan dolorosa que parece que a Dios no le importa, usted tiene que decidir si creer a sus emociones o a las Sagrada Escrituras, que proclaman el amor inagotable del Señor.

En otras ocasiones, es posible que Dios le pida que le sirva en una tarea que está más allá de sus capacidades. Cuando Él rechace todas sus excusas y usted finalmente dé un paso de obediencia, descubrirá a un Dios que es más grande que todas sus limitaciones. Con el tiempo se dará cuenta de que Dios le ha ensanchado para que encaje justamente dentro de la voluntad que Él tiene para su vida.

Soledad. Su vida espiritual necesita descanso y rejuvenecimiento, como sucede con nuestros cuerpos. Es por eso que la soledad es esencial para el crecimiento espiritual. Algunos de sus mayores avances vendrán cuando haya aprendido a pasar tiempo a solas con el Señor. Según todas las apariencias externas nada está sucediendo, pero la obra de Dios es con frecuencia invisible. Cuando usted cierre la puerta al clamor del mundo y serene su alma, experimentará su presencia.

Servicio. Una parte esencial del crecimiento espiritual es involucrarse en las buenas obras que Dios ha dispuesto que realicemos (Ef 2.10). Hemos sido dejados en este mundo para servir al Señor ayudando a otros. Como cristianos, estamos llamados a imitar a Jesús, y Él vino como un siervo (Mt 20.28). Si usted está ocupado con su propia agenda, y no tiene tiempo para los demás, está demasiado ocupado como para crecer en Cristo.

El precio del crecimiento
En la vida cristiana, el crecimiento espiritual debe ser la norma, no la excepción. Sin embargo, debido a la pasividad, demasiados creyentes son bebés espirituales. El Señor no nos obliga a madurar, y el proceso no es automático. Se requiere la intencionalidad. Cada una de estas siete disciplinas implica morir a nuestros propios deseos, prioridades, preferencias y conceptos. Usted tendrá que mirar la vida desde la perspectiva de Dios, encomendarse a su cuidado, y obedecer sus mandatos e indicaciones. El escritor de Hebreos explica que los creyentes maduros tienen los sentidos ejercitados por la práctica (He 5.12-14). Si usted aplica con diligencia estos elementos esenciales para el crecimiento, con el tiempo experimentará los goces de la madurez.
El fruto de la madurez  espiritual
  • Un carácter controlado por el Espíritu Santo (Gá 5.22-25)
  • Firmeza en la sana doctrina (1 Ti 4.6)
  • Pasión por Cristo y el llamamiento de Él (Fil 3.7-14)
  • Amor cada vez mayor unos para con otros (1 Ts 3.12, 13)
  • Capacidad para exhortar a los demás con amabilidad (2 Ti 2.24-26)
  • Discernimiento (He 5.14)
  • Sabiduría de lo alto (Stg 3.13-18)
  • Santidad cada vez mayor en la manera de vivir (1 P 1.13-16)
Fuentes: En Contacto

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