martes, 25 de febrero de 2014

«Descansa»


 LEA: Éxodo 20:8-11 | A veces, nuestro perro se altera tanto que tiene convulsiones. Para prevenir que eso suceda, tratamos de calmarlo. Lo acariciamos, le hablamos con voz suave y le decimos que se acueste y descanse. Pero cuando oye «acuéstate y descansa», mira para otro lado y empieza a quejarse. Finalmente, con un dramático suspiro de resignación, obedece y se tira al suelo.

 En ocasiones, nosotros también necesitamos que nos recuerden que debemos descansar. En el Salmo 23, aprendemos que nuestro Buen Pastor «en lugares de delicados pastos [nos hace] descansar» y que nos guía «junto a aguas de reposo». Sabe que nos hace falta esa tranquilidad y descanso, aun cuando nosotros no nos damos cuenta.

Nuestro cuerpo está diseñado para descansar con regularidad. Dios mismo reposó al séptimo día, después de su obra creadora (Génesis 2:2-3; Éxodo 20:9-11). Jesús sabía que había un tiempo para servir a las multitudes y otro para descansar. Instruyó a sus discípulos: «Venid vosotros aparte […] y descansad un poco» (Marcos 6:31). Cuando descansamos, nos renovamos y reenfocamos. Si llenamos todo el tiempo con actividades, incluso con cosas válidas, Dios suele captar nuestra atención haciéndonos acostar y «descansar».

El descanso es un don, una dádiva buena de nuestro Creador que sabe exactamente lo que necesitamos. Alabémoslo por hacernos descansar en delicados pastos.

«Si no nos retiramos y descansamos, podemos desmoronarnos». —Havner


(Nuestro Pan Diario)

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