viernes, 21 de febrero de 2014

Nuestras convicciones


 Leer | Daniel 1.1-21 | A pesar de que nuestros círculos de influencia varían de tamaño, todos tenemos el poder de afectar a los demás, para bien o para mal. Ya sea en nuestro hogar, en la iglesia o en el mundo, nuestras vidas están a la vista de todos. Muchas veces ni siquiera somos conscientes de quiénes son afectados por nuestras palabras, actitudes y acciones.

 Daniel no tenía el propósito de causar una impresión en los demás, pero algo acerca de él afectaba a todos los que le rodeaban. Lo que hacía sobresalir a este joven eran sus convicciones. Creía en la verdad absoluta de las Sagradas Escrituras. Cuando fue llevado a Babilonia, “propuso en su corazón” no contaminarse con la comida del rey (v. 8); sabía que comer carne ofrecida a ídolos estaba prohibido por la ley de Moisés.

Las convicciones de Daniel, no la presión social, determinaban su conducta. Nuestro mundo ofrece muchas maneras de hacernos olvidar de nuestros principios, pero si nos mentalizamos con antelación, seremos capaces de mantenernos firmes en nuestra obediencia a Dios. Aunque un mundo incrédulo pueda burlarse de nuestros valores y estilo de vida, su respeto por nosotros se reduce cuando hablamos por hablar y cedemos a las tentaciones. Y lo que es peor, nuestro testimonio de Cristo resulta dañado.

La convicción en cuanto a la verdad de Dios es como un ancla. Cuando soplen los vientos de la opinión y nos azoten las olas de tentación, podremos saber con certeza la manera correcta de responder. No vacile en su obediencia al Señor. Su postura firme por lo que es correcto puede influir poderosamente en otros.


(En Contacto)

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