jueves, 19 de enero de 2012

Mene, Mene, Tekel U-Pharsin – La Profecía de Daniel Relacionada con la Caída de Babilonia


Por Julio César Clavijo Sierra | "En aquella misma hora aparecieron los dedos de una mano de hombre, que escribía delante del candelero sobre lo encalado de la pared del palacio real, y el rey veía la mano que escribía" (Daniel 5:5).

Daniel capitulo 5, nos habla de la última noche del imperio neobabilónico o caldeo (destrucción que llegó aproximadamente en el 539 a.C.), y nos informa que en una fiesta llena de idolatría, de embriaguez y de desbordamiento pasional, el rey Belsasar de Babilonia, lleno de aires de grandeza, hizo que se sirviera vino en los vasos sagrados de plata y de oro que su padre Nabucodonosor había traído cuando saqueó el templo de Dios en Jerusalén.



“Bebieron vino, y alabaron a los dioses de oro y de plata, de bronce, de hierro, de madera y de piedra” (Daniel 5:4).

Después de haber profanado esos vasos sagrados, unos dedos como de una mano de hombre aparecieron y escribieron sobre lo encalado de la pared del palacio real, las palabras "Mene, Mene, Tekel u-Pharsin", situación que turbó y llenó de un gran miedo al rey Belsasar.

Ninguno de los magos, adivinos o astrólogos del reino, pudo leer ni tampoco interpretar la inscripción. Fue en ese momento que se acordaron que Daniel podría interpretarla, y entonces el rey mandó a que lo trajesen. Básicamente, dicha profecía aclaraba que Babilonia iba a ser destruida, entre otras cosas por no honrar ni reconocer al Dios de Israel, por una acrecentada soberbia y orgullo, y por la idolatría (al honrar a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben).

“17 Entonces Daniel respondió y dijo delante del rey [Belsasar]: Tus dones sean para ti, y da tus recompensas a otros. Leeré la escritura al rey, y le daré la interpretación. 18 El Altísimo Dios, oh rey, dio a Nabucodonosor tu padre el reino y la grandeza, la gloria y la majestad. 19 Y por la grandeza que le dio, todos los pueblos, naciones y lenguas temblaban y temían delante de él. A quien quería mataba, y a quien quería daba vida; engrandecía a quien quería, y a quien quería humillaba. 20 Mas cuando su corazón se ensoberbeció, y su espíritu se endureció en su orgullo, fue depuesto del trono de su reino, y despojado de su gloria. 21 Y fue echado de entre los hijos de los hombres, y su mente se hizo semejante a la de las bestias, y con los asnos monteses fue su morada. Hierba le hicieron comer como a buey, y su cuerpo fue mojado con el rocío del cielo, hasta que reconoció que el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place. 22 Y tú, su hijo Belsasar, no has humillado tu corazón, sabiendo todo esto; 23 sino que contra el Señor del cielo te has ensoberbecido, e hiciste traer delante de ti los vasos de su casa [del templo de Dios en Jerusalén], y tú y tus grandes, tus mujeres y tus concubinas, bebisteis vino en ellos; además de esto, diste alabanza a dioses de plata y oro, de bronce, de hierro, de madera y de piedra, que ni ven, ni oyen, ni saben; y al Dios en cuya mano está tu vida, y cuyos son todos tus caminos, nunca honraste. 24 Entonces de su presencia fue enviada la mano que trazó esta escritura. 25 Y la escritura que trazó es: MENE, MENE, TEKEL, UPARSIN." (Daniel 5:17-25).

En este punto, hay prácticamente un acuerdo en que la inscripción "Mene, Mene, Tekel u-Pharsin", fue escrita en idioma arameo (la lengua de medo-persia, el pueblo que invadió y derrotó a Babilonia). La dificultad que tuvieron los "sabios" de Babilonia para entender la inscripción, obedece a que en Babilonia se hablaba caldeo.

La inscripción interpretada por Daniel, puede ser literalmente traducida "números, números, pesadas y divisiones". En traducción dinámica, las palabras corresponden a medidas de peso y moneda: "una mina, una mina, un shekel y medio".

En las siguientes graficas tenemos una buena ilustración de este asunto.



"Daniel mostró su habilidad al conceder a estas palabras una interpretación de acuerdo con las circunstancias del momento. En el versículo 28, vemos que al dar Daniel la interpretación, "Peres" se encuentra en lugar de "u-pharsin". La “U” en upharsin es simplemente "y". Parsin (que está escrito pharsin cuando precede a una vocal) es el plural de Peres". [1] Esa es la razón por la cual aparece primero "parshim" y luego "peres".

La interpretación de Daniel fue:

“26. MENE: Contó Dios tu reino, y le ha puesto fin.
27 TEKEL: Pesado has sido en balanza, y fuiste hallado falto.
28 PERES: Tu reino ha sido roto, y dado a los medos y a los persas”
(Daniel 5:26-28).

La interpretación de Daniel se cumplió esa misma noche, pues el reino de Babilonia fue destruido, y los Medos y los Persas se establecieron como la nueva potencia mundial.

"30 La misma noche fue muerto Belsasar rey de los caldeos. 31 Y Darío de Media tomó el reino, siendo de sesenta y dos años" (Daniel 5:30-31)

Algún tiempo después, los Medos y los Persas establecieron el arameo como el idioma mundial de su época.

"Alrededor del año 500 AC, Darío I estableció el arameo como lengua oficial en la mitad occidental del Imperio Persa Aqueménida. El dialecto local del arameo oriental ya era utilizado en aquel tiempo por los burócratas de Babilonia, por lo que el edicto de Darío colocó al arameo sobre una base sólida. El nuevo arameo imperial fue grandemente estandarizado, su ortografía se basó más en sus raíces históricas que en la pronunciación de cualquier dialecto hablado, en tanto la influencia del persa le dio una nueva claridad, flexibilidad y robustez. El Arameo Imperial es también conocido como Arameo Oficial o Arameo Bíblico. Durante siglos después de la caída del Imperio Aqueménida en 331 AC ante Alejandro Magno, el Arameo Imperial, como fuera establecido por Darío, permaneció como lenguaje dominante de la región" [2]

Sobre este mismo asunto de la caída de Babilonia había también profetizado mucho tiempo atrás el profeta Isaías, al escribir:

“17 He aquí que yo despierto contra ellos a los medos, que no se ocuparán de la plata, ni codiciarán oro. 18 Con arco tirarán a los niños, y no tendrán misericordia del fruto del vientre, ni su ojo perdonará a los hijos. 19 Y Babilonia, hermosura de reinos y ornamento de la grandeza de los caldeos, será como Sodoma y Gomorra, a las que trastornó Dios. 20 Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni levantará allí tienda el árabe, ni pastores tendrán allí majada; 21 sino que dormirán allí las fieras del desierto, y sus casas se llenarán de hurones; allí habitarán avestruces, y allí saltarán las cabras salvajes. 22 En sus palacios aullarán hienas, y chacales en sus casas de deleite; y cercano a llegar está su tiempo, y sus días no se alargarán”. (Isaías 13:17-22).

Hasta el día de hoy, el lugar donde se levantaba imponente la antigua ciudad de Babilonia, está convertida en un desierto árido. El juicio de Dios se cumplió y llegó con toda su indignación sobre Babilonia.

Aun cuando en el libro de Daniel vemos el cumplimiento inmediato de esta profecía, no obstante, la misma también nos enseña que al final de los tiempos, el reino de las tinieblas, aun por fuerte que parezca ahora, dejará de existir a causa de sus vicios y de su rebelión contra Dios.

“En la Biblia, Babilonia es mucho más que una ciudad ¡Es un espíritu! Es el espíritu de Nimrod. Se trata de una rebelión. Es una rebelión contra todo lo que es bueno, contra Dios mismo. Es la búsqueda de la gloria propia, un egocentrismo que busca solo lo individual, es un espíritu de esclavitud. El espíritu de Babilonia es una pasión que afecta a otros con las mismas prácticas corruptas y pensamientos que han afectado al propio ego. No se contenta con corromper a uno solo, pues dicho espíritu se propone seducir y esclavizar a otros que voluntariamente decidan someterse a su incitación…

Sin embargo, Dios tendrá la última palabra, y la victoria definitiva. Apocalipsis 18:11-13 muestra la desaparición de esa gran Babilonia que mercadeaba con las almas de los hombres. “Y los mercaderes de la tierra lloran y hacen lamentación sobre ella, porque ninguno compra más sus mercaderías; mercadería de oro, de plata, de piedras preciosas, de perlas, de lino fino, de púrpura, de seda, de escarlata, de toda madera olorosa, de todo objeto de marfil, de todo objeto de madera preciosa, de cobre, de hierro y de mármol; y canela, especias aromáticas, incienso, mirra, olíbano, vino, aceite, flor de harina, trigo, bestias, ovejas, caballos y carros, y esclavos, almas de hombres…

Gálatas 6:7 proclama, “no os engañéis, Dios no puede ser burlado…” La sentencia sobre Babilonia se cumplirá. Apocalipsis 18:2 dice, “Ha caído, ha caído la gran Babilonia”. Ella no podrá levantarse de nuevo. Apocalipsis 18:14 dice, “...y nunca más la hallarás”. [3]

El cumplimiento de la destrucción del antiguo imperio de Babilonia en los días de Belsasar, y el hecho de que no se haya vuelto a levantar jamás sino que su lugar sea desierto, es una advertencia profética que nos debe motivar a escapar de este sistema mundial siniestro, que se ha rebelado contra Dios.

“Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella [de Babilonia], pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” (Apocalipsis 18:4).

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