lunes, 13 de enero de 2014

El rencor nos destruye, el perdón nos libera




 Fernando Alexis Jiménez | Aconteció alguna vez, una noche que no recuerdo si fue lunes o viernes, cuando mi hijo llegó muy temprano a casa, después de la jornada nocturna en la Universidad. Otro chico, por una trivialidad, literalmente lo había tomado a golpes, en ese instinto primario que lleva a muchos a pensar que es con puñetazos como se resuelven los problemas. Su rostro estaba visiblemente herido.

 Sentí molestia, mucha, como sin duda todo padre cuando su chico ha sido vulnerado. Mauricio es bastante alto y fornido, y quien lo agredió, más bajo. “¿Qué hiciste?”, le pregunté. Si él es acuerpado y musculoso, pensé que el otro estaría peor. “Nada, simplemente no me dejé llevar por la ira porque habría sido peor; no hice nada”, me dijo con serenidad.

Él ha aprendido cosas que le enseñado en estos años, pero esa noche recibí una lección práctica de mi hijo sobre el perdón, no de palabra sino de corazón.

No podría negar que estuve molesto, pero asumí la lección.

¿Quién dijo que perdonar es fácil?

Y es que perdonar no es fácil. Es bastante complejo. Sé que todos hemos enfrentado momentos en los que creímos que perdonar iba a ser muy difícil. Tal vez usted está atravesando por la misma situación. No se deje arrastrar por el rencor, porque la situación será difícil para usted.

El autor internacional, Don Gossete, escribió: “La falta de perdón es como un cáncer. Comienza como una pequeña manchita dentro de nosotros; pero si se le permite crecer, terminará como un enorme y repugnante tumor que inclusive detendrá el crecimiento espiritual.” (Don Gosset. “Avenida Alabanza”. Editorial Vida. EEUU. 1998. Pg. 115)

Es evidente que muchas personas alrededor están siendo carcomidas por el rencor, que es una cárcel de la que viven presos por toda la vida.

Alguien una vez se le acercó al Señor Jesús y le hizo una pregunta muy comprometedora: “Luego Pedro se le acercó y preguntó: —Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien*  que peca contra mí? ¿Siete veces?”(Mateo 18:21. NTV)

Una pregunta, insisto, bastante compleja porque todos hemos estado enfrentados a situaciones en las que, lo más humano, era guardar resentimiento. Y sin duda Pedro, que en algún momento vivió situaciones como esa, esperaba una justificación.

¿Cuántas veces el dolor nos ha hecho odiar?¿Nos hemos dejado llevar por la corriente del odio con alguien que nos ofendió? Cito de nuevo a Don Gosset, al referirse a la falta de perdón y sus consecuencias: “Piense que en casi todos los casos es la persona que guarda rencor, cuya alma está llena de amargura, la que sufre la pérdida mayor. He visto muchos casos como éste, en que las personas han albergado el espíritu de falta de perdón, a tal punto que en verdad han permitido que Satanás les haga estar físicamente enfermos.” (Don Gosset. “Avenida Alabanza”. Editorial Vida. EEUU. 1998. Pg. 117)

La falta de perdón nos lleva a situaciones inesperadas, como reacciones impulsivas que agrandan el dolor, o tal vez, a perdernos la oportunidad de llevarnos bien con otras personas. No solo llegamos a sentir rencor por otras personas cercanas, sino en nuestra propia familia; esa es la razón por la cual debemos perdonar y sembrar en nuestros hijos ese principio de vida: perdonar.

A la pregunta de Pedro sobre cuántas veces perdonar, nuestro amado Salvador Jesús dio una respuesta que nos mueve el piso aún hoy: “—No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete.”(Mateo 18:22. NTV)

La historia sobre la agresión a mi hijo no solo es real sino que me confrontó con mis propias emociones y sentimientos. Quizá en mis zapatos usted entendería el alcance del asunto. Lo cierto es que ese día comprendí que perdonar no es fácil en nuestras fuerzas sino en Su poder. Él es quien nos ayuda a encontrar paz interior, para perdonar, y retomar el control de nuestra vida.

Hoy es el día para que se abandone en manos del Señor Jesús y le pida la fuerza que necesita para perdonar. Puedo asegurarle que lo logrará.

(Estudios  de Guerras Espiritual)

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