miércoles, 25 de septiembre de 2013

Jesús, nuestro salvavidas




 Leer | JUAN 3.16-18  | Imagine un río crecido por la lluvia y corriendo sobre las rocas. Usted ha caído en esa agua sucia y no puede luchar contra la corriente por mucho tiempo. Su cabeza se hunde dos veces y emerge escupiendo después de haber tragado algo de la suciedad. Una tercera sumergida podría matarlo. Pero de repente, desde la orilla, alguien le lanza un chaleco salvavidas, que flota frente a su pecho. ¿Lo tomaría?

 La respuesta parece obvia —¡por supuesto que sí! Pero muchísimas personas que se están ahogando en la vertiginosa corriente del mundo, se niegan a asirse del salvavidas espiritual: Jesucristo. Él murió en la cruz por toda la humanidad, pero las personas tienen una responsabilidad en la salvación. La persona tiene que reconocer su impotencia y confesar la necesidad que tiene de Cristo. Eso significa que el creyente nuevo acepta el sacrificio de Cristo como verdadero y personal, creyendo de corazón que no hay otra manera de ser salvo.

No es necesario entender todo acerca de la fe y la Biblia para ser salvo; Dios se asegurará de que sus hijos aprendan del Espíritu Santo cualquier cosa que necesiten saber. Pero es muy importante entender que no podemos salvarnos a nosotros mismos.

¿Puede usted recordar cuándo recibió a Jesucristo como su Salvador? Dios le está llamando, anhelando que usted reconozca su necesidad de Él, y que le pida que le rescate del pecado. Él es fiel, y le responderá salvándole y limpiándole.

Dios le está ofreciendo un salvavidas y esperando sacarle a la seguridad eterna. La decisión es suya. ¿Escogerá a Cristo y la vida eterna?

(En Contacto)

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